La diversidad sexual es uno de los temas que están cada vez más presentes en nuestra vida, en parte gracias a Internet y, por tanto, a las redes sociales, y el ciberactivismo que se lleva a cabo en ellas de la mano de asociaciones LGTB y de activistas independientes. Hoy en día son muchas las personas que se atreven a dar un paso al frente y hablar de forma abierta y libre de complejos sobre su forma de ser, colgando su testimonio en las plataformas digitales más populares, en una labor pedagógica.

Actualmente es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar nunca de las iniciales “L.G.T.B” y que desconozca su significado, pero esas letras engloban muchos más conceptos de lo que pueda parecer a simple vista.

Este colectivo, como su propio nombre indica, está constituido por personas con distintos tipos de orientación sexual, algunos de las cuales muy conocidos, como la bisexualidad y la homosexualidad, y otras no tanto, como es el caso de la pansexualidad, la demisexualidad o la asexualidad, de la que hablaremos en esta entrada.

bandera-asexual

¿Qué es la asexualidad? ¿Qué supone para una persona ser asexual? ¿Qué creemos saber acerca de ella? En este blog intentaremos explicar de forma clara su significado y desmitificarlo, ya que son muchos los rumores que circulan alrededor de este concepto que diferenciaremos, también, de otros similares.

El 27 de enero de este año, el grupo COGAM, formado por mujeres lesbianas, organizó en Madrid un taller sobre la asexualidad, explicando en qué consiste y arrojando un poco de luz sobre una parte poco conocida dentro de este amplio abanico de gustos. La apertura de la presentación, que corrió a cargo de María López y Adela Holgado, dos miembros de ACEs (Asexual Community España) comenzó con la definición de esta (llamada por algunas corrientes) “no orientación sexual” u “orientación sexual nula”, es decir, que, a diferencia de la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, etc, las personas que se encuentran dentro de este grupo se caracterizan por la falta de atracción sexual hacia otras personas, lo que no está reñido con el deseo sexual. Sin embargo, cabe destacar que este aspecto no representa a todos, puesto que la asexualidad es un rasgo subjetivo, por lo que hay gente que, por ejemplo, sí experimenta las sensaciones propias del lívido, así como hay personas que no sienten el menor interés en tales aspectos y que, incluso, pueden llegar a desarrollar cierto rechazo hacia estos.

Como toda condición sexual, las pautas de conducta establecidas no deben tomarse como una ciencia cierta, ya que cada persona tiene gustos distintos y, por tanto, actitudes distintas hacia un mismo tema. Dentro de la asexualidad existe un amplio espectro de perspectivas, multitud de formas de interpretarla: una persona asexual puede sentir deseo bajo determinadas condiciones o no sentirlo en absoluto; puede querer tener relaciones o no, con mayor o menor frecuencia. Es algo que no se puede determinar al cien por cien.

Una persona asexual es, en definitiva, alguien que no siente atracción sexual de forma normativa.

Aquí cabe señalar algunos conceptos que, a menudo, suelen confundirse con este término, como el celibato, que implica abstinencia del sexo (pero no la falta de deseo sexual), o la demisexualidad, que implica la necesidad de una conexión emocional con otra persona para sentir dicha atracción. Otro concepto con el que es común confundir la asexualidad es el de una persona”asexuada“, es decir, una persona que carece de sexo o que aparenta no tenerlo (en el diccionario suele aparecer como un sinónimo, pero, en realidad, no lo es).

Otro aspecto que es necesario destacar es la invisibilización a la que las personas asexuales sienten que son sometidas, el tratamiento que se le da a la asexualidad, como si fuera un tipo de trastorno, un hecho patologizable. De algún modo, se aísla a estas personas al excluirlas del resto de colectivos alternativos, puesto que, en muchos casos, ni  siquiera cuenta como una condición. Esto lleva a las personas asexuales a encontrarse con diversos problemas sociales y de identidad propia. Muchos entienden la invisibilización como un tipo de discriminación, ya que apenas se habla de esta realidad con la que se sienten identificadas más personas de las que se cree. La asexualidad no se suele incluir en la cultura popular, a diferencia de otros estilos de vida relacionados con la sexualidad.

Una prueba de ello es el desconocimiento de la existencia de un censo de esta comunidad, que se presenta como una encuesta realizada anualmente por AVEN (Asexuality Visibility and Education Network), una plataforma virtual de habla inglesa que recoge información sobre cuestiones demográficas y las experiencias de los miembros de la comunidad. Es la encuesta de mayor envergadura de la comunidad asexual y genera un conjunto de datos para futuros activistas e investigadores.

En España contamos con AVENes, la filial de habla hispana de AVEN, de la que emergió la actual ACEs en 2016.

El activismo asexual denuncia, principalmente, el reconocimiento de la asexualidad como una condición más, es decir, su legitimación, como tantas otras. EL colectivo perteneciente a esta rama ha empezado a dar sus primeros pasos, pero aún le queda un largo camino por recorrer  para lograr visibilizar esta orientación de la que sabemos tan poco.

Finalmente, no debemos olvidar que las personas asexuales, pueden llegar a ser sometidas a una considerable presión social que bien puede ser consecuencia de una sociedad hipersexualizada, en la que se utiliza el componente de la erótica en la mayoría de sus ámbitos, especialmente en la publicidad. Son personas que sufren un cuestionamiento constante de su condición por este y otros muchos motivos, por lo que cabe preguntarse si la vida puede observarse desde otras perspectivas más complejas.

Desde luego, la asexualidad puede darnos pistas para hallar la respuesta.

Anuncios