Dentro del amplio abanico de tendencias sexuales existentes, hay una que ha sido muy poco explorada: la del hombre heterosexual que, sin dudas de ello, mantiene relaciones sexuales con otros hombres, también heterosexuales.

La sexualidad femenina ha sufrido menos tabúes que la masculina, siempre determinada por estereotipos y actitudes heteropatriarcales, y con ellas, homófobas. Ciertas aptitudes como que dos mujeres se toquen el culo o se besen en una fiesta, si las realizase un hombre heterosexual, este sería tachado de homosexual reprimido. Pero dentro de esta flexibilidad masculina son bien conocidas por todos las masturbaciones grupales o mutuas, tocamientos, o directamente, situaciones íntimas.

Al contrario de lo que e entendía, los hombres no intiman con otros hombres únicamente cuando se necesita por ausencia de mujeres, como en cárceles o fraternidades. Este determinismo social, de tachar a un hombre de homosexual o bisexual con estos comportamientos, es muy pernicioso. La orientación sexual está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social.

En las aplicaciones para ligar abundan perfiles de hombres, que se califican como masculinos y heterosexuales en busca de similares para mantener relaciones sexuales, negándose a entablar contacto con homosexuales o bisexuales. La preferencia sexual va acerca de varios deseos, posiciones y fantasías mientras que la identidad sexual va acerca de cómo uno se identifica en términos de hetero, gay o bisexual. Están totalmente dedicados a la heteronormatividad.

Tampoco podemos olvidar que estas prácticas también se relacionan con una heterosexualidad a prueba de bombas, es decir, emplean estos contextos para exhibirse y lucirse como ‘auténticos hombres’ y reafirmándose en su condición. En estos encuentros se llevan a cabo prácticas de sexo oral, masturbaciones mutuas, y penetración anal, pero nunca besos ni caricias, no se trata de una atracción emocional, ni siquiera física. Nunca influye ningún factor romántico.

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En 2006, ‘Not Gay: Sex Between Straight White Men’, un estudio sobre la diferencia entre el comportamiento sexual y la identidad sexual realizado por la Universidad de Nueva York arrojó que el 3,5% de la población había tenido relaciones sexuales homosexuales aún declarándose como heterosexuales.

No hay que olvidar el comportamiento narcisista de algunos hombres heterosexuales, que le gusta despertar admiración y que se fijen en ellos como en gimnasios. También, algunos de estos heterosexuales han podido tener este tipo de impulsos en un pasado y hasta ahora no se han atrevido a satisfacerlos.

Dentro de este contexto, cabe destacar ciertos perfiles de hombres como trabajadores sexuales, hombres que desean explorar su sexualidad, adolescentes en sus primeros encuentros sexuales, hombres con ausencia afectiva paterna, hombres que únicamente se atraen sexualmente pero nunca de forma emocional, narcisistas, adictos sexuales, fetichistas o  exhibicionistas, suelen encajar en este tipo de prácticas.

 

 

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