La adicción al sexo es a día de hoy un tabú y un tema poco explorado. Sin embargo, este trastorno por hipersexualidad, conocido popularmente como nimfomanía, es una realidad que afecta cada día a más personas. Entre las mujeres, esta problemática está especialmente estigmatizada y silenciada.

Se trata de una dependencia que suele avergonzar a quienes la padecen y más en el caso de las mujeres que, en esta sociedad patriarcal en la que seguimos estancados, siempre son juzgadas con más dureza que los hombres en temas relacionados con el sexo ocasional o la promiscuidad.

La hipersexualidad femenina afecta, aproximadamente a un 3% de las mujeres según Journal of Sexual Medicine. Aunque no existen dos casos iguales, se podría decir que esta patología se caracteriza por una fuerte y desmedida obsesión por las relaciones sexuales, hasta el punto de que no es la persona quien tiene el control sobre sus relaciones sexuales, sino que estas la manejan a ella.

“Una vez, con 17 años, conducí borracha 20 km y sin carnet solo para dormir con un amigo”

Entregarse a desconocidos, no tomar precauciones, eludir responsabilidades, cometer infidelidades o vivir situaciones arriesgadas son situaciones muy comunes en las que estas personas pueden verse envueltas. “Una vez, con 17 años, conducí borracha 20 km y sin carnet solo para dormir con un amigo”, cuenta Carla Marí*, una ibicenca de 20 años.

Fue hace un año cuando Marí descubrió que su comportamiento era fruto de una patología psicológica. “Yo acudía a una psicóloga por problemas con el colegio. No le contaba ni la mitad de lo que hacía y aun así ella se dio cuenta”, relata la joven. La isleña describe el momento en que lo supo como “una mala noticia pero también un alivio”, ya que le hizo entender sus impulsos y librarse de los remordimientos que sentía en ocasiones.

Su caso, como el de otras tantas mujeres, ha resultado muy duro desde el principio. “En el instituto la gente hablaba mal de mí porque me acosté con varios de clase que eran amigos entre ellos. También una vez terminé con el chico que le gustaba a una amiga… La cuestión es que yo no conseguía contenerme cuando se daba la ocasión”, recuerda Marí. Sin embargo, la ibicenca admite que no ha conseguido contarle a casi nadie cuál fue el motivo de estas actitudes que tan mal vistas están en nuestra sociedad. 

Según José Bustamante Bellmunt, del Instituto de Psicología y Sexología Espill, “al igual que la dependencia a la cocaína se relaciona con los efectos que produce en el cerebro esta sustancia, la persona que presenta este problema es adicto a los cambios neuroquímicos que provocan las relaciones sexuales, y por ello, busca eliminar este síndrome de abstinencia”. Y es que se trata de un problema complejo, sin solución (aunque puede llegar a controlarse) y con el que resulta difícil vivir, que muchas veces se relaciona con el estrés, la depresión o la frustración. Aun así, en el campo de la sexología todavía no existe consenso acerca de las causas que pueden provocar esta obsesión o una explicación concluyente de porqué ha aumentado el número de casos.

Este mismo autor explica para Infocop que  los pensamientos sexuales que inundan la mente de estas personas les generan un malestar del que se intentan deshacer poniendo sus fantasías en práctica. “Sin embargo, estas conductas, lejos de aliviar dichas obsesiones, suelen crear mayores problemas”, sentencia Bellmunt.

Para él, el tratamiento adecuado se basa en la terapia, aunque reconoce que a veces pueden necesitarse algunos fármacos, sobre todo al principio. Pero de forma provisional, ya que asegura que “la psicoterapia es fundamental para alcanzar un éxito terapéutico duradero”. 

En cuanto a la prevención de estos comportamientos, Bellmunt insiste en la importancia de la educación sexual y en la necesidad de transmitir que del sexo también se puede hacer un mal uso.

Más información sobre el tema (inglés): 

Sexual Addiction & Compulsivity: The Journal of Treatment & Prevention.

*Nombre ficticio ya que la entrevistada no desea dar a conocer su identidad.
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