Roma es famosa, entre otras cosas, por su arte. Increíbles estatuas y pinturas han pervivido hasta nuestros tiempos para no dejar indiferente a nadie. Pero no solamente destaca el arte plástico, pues conocer el arte de la seducción y la sexualidad de la antigua civilización romana es, sin duda, de lo más interesante. Conductas que hoy en día no están socialmente aceptadas, fruto de la influencia del cristianismo en Europa a lo largo de la historia, eran practicadas en la Antigua Roma.

La sociedad romana, caracterizada por sus concretos códigos éticos y  sus normas de comportamiento, era bastante liberal en temas de promiscuidad. Los ciudadanos libres del Imperio gozaban de una amplia libertad sexual en un pueblo donde las relaciones fuera de la pareja se veían con total normalidad, a pesar de que habría emperadores como Constantino El Grande (s IV) que trabajarían por terminar con las infidelidades.

En cuanto al concepto del amor, este era visto como algo que reducía las facultades de pensamiento racional. El matrimonio no se realizaba por amor, sino para dar continuidad a la población romana, y se decidía en función de aspectos sociales y económicos. Los ciudadanos romanos podían mantener sexo con quien quisieran: un hombre podía tener una mujer, practicar sexo con una prostituta, con sus esclavos o con otros ciudadanos en los baños termales de la época. En el caso de las mujeres, era bastante habitual que estas buscaran el sexo con hombres ancianos para evitar el embarazo.

La única moral que imperaba era la idea de que se debía mantener una vida rutinaria y ordenada, de que el sexo no podía afectar al orden del día a día.  Una persona solamente era estigmatizada si no lograba mantener ese orden por culpa de las relaciones sexuales.

 

La homosexualidad y la prostitución, bien vistas en el siglo I

La homosexualidad era vista con normalidad. Se solía entender como una relación entre hombres sexualmente activos, donde uno tomaba el papel de sumiso y otro de amo, ya que era muy habitual que un ciudadano se acostara con un esclavo. El ciudadano romano era educado hacia la bisexualidad.

Los prostíbulos estaban muy extendidos. Jóvenes muchachos ofrecían sus servicios a mujeres de clase alta. En cuanto a las prostitutas, estas eran educadas para dar placer carnal y buena conversación, solían diferenciarse por utilizar pelucas y curiosas vestimentas.

 

 

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